miércoles, 30 de octubre de 2019

Frío


Salió de su casa con la seguridad de que su viejo abrigo de costura monumental le bastaría para sobrevivir al panorama gélido que la cuidad presumía esa mañana de agosto. Cuando finalmente dio un par de pisotasos sobre la acera, notó que aquel paisaje antártico que creyó ver por la ventana no se trataría más que de un soplo de frescura, un suspiro ventoso del cielo que le anunciaría, incluso con cierta calidez, que aquel jueves, resultaría ser el último jueves que pudiera ver; inmediatamente percatado, Franco Mandela —veterano, divorciado y jubilado casi por tercera vez—, se liberó de todo su ropaje y continuó su camino desnudo en busca del pan.






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